Esta muestra reúne planchas de zinc intervenidas con barniz y ácido, junto a las pruebas de estado que registran cada decisión del grabador. El pequeño formato obliga a mirar de cerca: la línea mordida, el grano abierto por el ácido y las correcciones hechas a punta de buril sobre la superficie ya trabajada. Cada prueba de estado conserva la fecha en que se estampó y la anotación de lo que se pensaba cambiar antes de la siguiente mordida.
El error forma parte del proceso y aquí no se esconde. Una mordida demasiado profunda, un barniz que no cubrió del todo, una línea que se corrió al pasar por la prensa: todo eso queda documentado en las pruebas intermedias. El grabador vuelve sobre la plancha, lima, cubre y muerde otra vez. La estampa final no borra ese recorrido, lo sostiene.
Entintado, prensado y huella de plancha
Las estampas finales se imprimen sobre papel de algodón humedecido y se secan entre fieltros, lo que deja una huella de plancha visible en el borde. Ese reborde marca el límite exacto donde la plancha presionó el papel y es, en la práctica, la firma del grabado. El entintado se hace a mano, retirando la tinta de las zonas que deben quedar en blanco y dejando la que se aloja en los surcos abiertos por el ácido.
La ficha técnica de cada obra indica la técnica, el tiraje y el año, sin promesas de reventa ni catálogos inflados. El tiraje es corto porque la plancha se desgasta con cada pasada por la prensa, y eso también queda dicho en la ficha. No hay una versión oficial ni una edición ampliada: lo que se exhibe es lo que se estampó.
Qué se puede ver en la muestra vigente
La serie se exhibe dentro de las muestras rotativas por temporada y puede consultarse en la galería. Las planchas se presentan junto a las pruebas de estado y a la estampa final, de modo que el visitante siga el mismo recorrido que hizo el grabador. El pequeño formato permite observar la línea y la textura del grabado de cerca, sin la distancia que impone una obra de gran tamaño.